DEREK HUMPHRY: El ”arquitecto de la muerte digna”

Marzo de 2021: Después de muchos altercados, discusiones y acalorados debates, argumentaciones con y sin sentido, finalmente la cultura de la muerte gana en España por medio de la Eutanasia.

Detrás de eufemismos bien elaborados, capaces de generar sentimientos encontrados aún en quienes vemos esta práctica como una clara contravención a la voluntad de Dios, se ha desplegado la idea de matar… o morir dignamente. Derecho a morir, muerte asistida, suicidio asistido y justamente muerte digna, son algunas de las expresiones que enmascaran una práctica altamente controvertida, tanto en lo ético, en lo espiritual y, por supuesto, en lo legal.

Platón en su obra Fedón, se expresa en torno a Sócrates, quien ingirió pócima mortal para terminar “dignamente” con su propia vida:

«Sócrates fue condenado a muerte, sus amigos le prepararon un plan de fuga, pero él prefirió acatar la ley y murió por ello. Pasó sus últimos días de vida con sus amigos y seguidores. Poco antes de cumplir su sentencia se bañó, para evitar con ello que las mujeres tuvieran que lavar su cadáver. Una vez limpio bebió el veneno, y cuando sintió sus piernas ya pesadas, se acostó dignamente sobre sus espaldas, sin quejarse ni mostrando sufrimiento alguno, si no al contrario él era la persona más optimista que se encontraba en ese lugar ya que toda la demás gente sufría al saber que Sócrates iba a morir, con esto despertó la admiración de cuantos lo rodeaban.»

Quizás te preguntarás: ¿qué de malo tiene morir en manos propias antes que en las de incisivos enemigos?, o en las propias palabras de Derek: “Lo único seguro en esta vida es que hemos de morir. Pero, ¿cómo nos enfrentaremos al proceso de la muerte?” (El camino de Jean, 1975).

Esa es la pregunta del posterior fundador de la Hemlock Society USA y antiguo presidente de la World Federation of Right to Die Societies, ambas para apoyar la descriminalización de la eutanasia. El crímen detrás de este tema puede ser difuso; un ejemplo: si alguien comete suicidio, ya no puede ser juzgado por ese crimen, en el entendido que fuera efectivo. Entonces la lucha de Humphry es para librar de responsabilidad a aquellos, incluyendo médicos, que asistan a otros en practicarse la muerte.

El funesto Humphry se respondió con la vida de su primera esposa Jean, a quien “asistió” en su suicidio, aquejada de un cancer terminal. Sin embargo luego se encontraría una carta manuscrita de ella, diciendo no haber tomado tal decisión. El caso quedó cerrado… y cómo el espacio para ahondar no está disponible, cabe ahora preguntarnos: ¿son verdaderamente buenas las intenciones de este sujeto o hay profundos intereses detrás de su “filantropía” por liberar a los moribundos del dolor en el final de sus días?

Nosotros solo afirmamos: Dios es el dueño de la vida; Él la da y la quita. Sea alabado el Señor por ello. 

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