¿Soy judaizante?

No. El hecho de querer conocer las raíces hebreas de la Escritura, no nos constituyen necesariamente en practicantes del judaísmo.

Incluso, como en algunas otras expresiones protestantes, que no voy a mencionar, existen prácticas que en sí mismas no aportan ningún ápice de valor natural ni espiritual para nuestra relación con Cristo, con Dios; pero no desestimo a quienes genuinamente las practican, como actos genuinos de su propia relación con Dios

El Dios que promovemos y conocemos es Dios personal, que ante una misma afección física, por ejemplo la ceguera, dió según el testimonio de la Escritura, tres tratamientos distintos (como mínimo), uno para cada persona en particular…

Entonces cómo podemos aún decir “¡Dios no hace esto!”, “¡Dios no puede obras así”; “¡En eso no está Dios!”.

Estas “expresiones” evangélicas, en los escenarios que se practican, realmente son pura manipulación si resultan de imposiciones e ideas extravagantes de algunos “líderes” que aseguran proveerle, con tales prácticas, aires de santidad a los fieles de una congregación.

Dejan de lado otra vez, la obra de la Cruz y consideran más efectivo ejercer coerción sobre la gente que, si bien en algunos casos obedece, el resultado no es una sujeción genuina. En muchas ocasiones expulsan a aquellos que aún no han sido inquietados a vivir sus vidas cristianas según los estándares exigidos.

Somos demasiado engreídos cuando creemos que podemos limitar a Dios según nuestros pensamientos o lo poco que hemos logrado descifrar de Su Verdad en la Biblia. Pero una cosa sí es inalterable: Dios sigue siendo el mismo de ayer, hoy y por los siglos.

¿Hacemos apología de la rebeldía? No. De ninguna manera.

Si no se entendió, lo voy a repetir: creemos que las personas deben poder responder a las costumbres de sus congregaciones, entendiendo que ninguna aporta valor a la salvación y sabiendo que es más efectivo ejercerlo cuando se hace en forma voluntaria y genuina.

Abogamos también por la posibilidad abierta de que cada quien pueda buscar una congregación bíblica, digo nuevamente: BÍBLICA, que si bien no va a dar un “menú” a las exigencias de la gente, ofrezca la posibilidad de que cada quien se pueda decantar libremente por los aspectos litúrgicos y normativos de estas.

Pero al mismo tiempo dejamos claro: el creyente genuino va a pasar por la condición de negarse a sí mismo: en algún minuto tendrá que elegir si responde a sus deseos y sensaciones o si decide creer en la Escritura por fe; y esto lo resalto porque podrías pasarte la vida saltando de una congregación a otra, buscando la “perfecta” para tí y debo recordarte que mientras tú estés en una comunidad de fe, está nunca será perfecta precisamente porque tú estás en ella.

Cierro diciendo que en la antigüedad se si ponía que el Sumo Sacerdote conocía “el deber ser” del sacrificio agradable a Dios. No obstante, algunos no salían. Una aventura que se celebraba una vez al año y aún así, algunos entraban indignamente. Luego el libro de Hebreos nos dice que tenemos un gran sumo sacerdote que pago una sola vez y para siempre, para evitarnos es escollo de la liturgia peligrosa que quizás nos hubiera hecho morir intentando hacer lo correcto con el Arca como hiciera Uza.

Jesús rompió los protocolos, los sistemas litúrgicos y las modas religiosas, abriendo el camino para una relación personal con el Padre a quien, además, no podemos engañar… entonces ¿para que necesitamos un modelo, un lenguaje o una indumentaria particular, si en la realidad final el Señor nos conoce desnudos aunque estemos muy finamente vestidos?

Bendiciones.

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